sábado, abril 26, 2014

Poema en línea recta

       

Nunca conocí a nadie que hubiese llevado un
      porrazo.
Todos mis conocidos han sido campeones en todo.

Y yo, tantas veces grosero, tantas veces cerdo,
       tantas veces vil, Yo tantas veces
       incontestablemente parásito,
Indisculpablemente sucio,
Yo, que tantas veces no he tenido paciencia para
       darme un baño,
Yo que tantas veces he sido ridículo, absurdo.
Que he pisoteado públicamente las alfombras de
        las etiquetas,
Que he sido grotesco, mezquino, sumiso y
        arrogante,
Que he sufrido insultos y callado,
Que cuando no he callado, he sido más ridículo
        todavía;
Yo, que he resultado cómico a las criadas del hotel,
Yo, que he sentido los guiños de los mozos de
        carga,
Yo que he hecho verguenzas financieras, pedido
        prestado sin pagar,
Yo, que cuando la hora del golpe sonó, me
       agaché
Esquivando la posibilidad del golpe;
Yo, que he sufrido la angustia de las pequeñas
        cosas ridículas,
Yo verifico que no tengo igual en todo esto en
        este mundo.

Toda la gente que conozco y que habla conmigo
Nunca tuvo un acto ridículo, nunca sufrió un
         insulto,
Nunca fueron sino príncipes -todos ellos
          príncipes- en la vida...

¡Quién me concediera oír de alguien la voz
          humana
Confesando no un pecado, sino una infamia:
Contando, no una violencia, si no una cobardía!
No, son todos el Ideal, si los oigo y me hablan.
¿Quién hay en este ancho mundo que me confiese
           que una vez fue vil?
Oh príncipes, mis hermanos,

¡Arre, estoy harto de semidioses!
¿Dónde hay gente en este mundo?

¿Entonces soy sólo yo el qué es vil y erróneo en
            esta tierra?

Podrán las mujeres no haberlos amado,
Pueden haber sido traicionados: ¡pero ridículos
           nunca!
Y yo que he sido ridículo sin haber sido
          traicionado,
¿Cómo puedo yo hablar con mis superiores sin
          titubear?
Yo, que he sido vil, literalmente vil,
Vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.

                                              Álvaro de Campos























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